Restaurante etíope Mesob. Madrid


Tras preguntar a un etíope qué y cómo se come en Etiopía se me metió en la cabeza probar algunas de las variedades de esta gastronomía que, al menos para mí, resulta una completa desconocida. Y bien, ¿qué y cómo comen los etíopes? Pues la base de su alimentación está compuesta por un pan llamado injera, ácimo y ligeramente agrio sobre el que se colocan los diversos ingredientes, normalmente acompañados de diversas salsas picantes como demonios, la mayoría. El detalle más bonito del asunto es que todo va dentro de una especie de recipiente de mimbre llamado mesob, de una forma cónica parecida a la de un tagine, de cuyo interior toda la familia come unida con los dedos. Sin duda, la mejor manera de mantener ésta unida.
Una vez hecha esta introducción, aclarar que nos decantamos por probar las variedades etíopes en un restaurante que lleva abierto escasamente un mes, el Restaurante Mesob [Manuela Malasaña, 17 MADRID] y que, no se asusten, ha tenido la delicadeza de “suavizar” esas salsas para adaptarlas al paladar menos tolerante al pimiento picante.
Comenzamos con unos entrantes llamados sanbussa, empanadillas de carne y verduras, acompañadas de unos chiles de los que ¡rayos y centellas! Pero que a la vez enganchan por su sabor, no esas salsas picantes que vienen con las nuggets precocinados y que no se saben de que metal pesado provienen. Lo que vengo a decir es que todas las salsas de este restaurante son cocinadas con productos naturales y pueden comerse. Continuamos con un platillo llamado fatira, unos estupendos huevos revueltos con tiras de pasta cocida de algún cereal que no me atrevo a identificar, pero que trigo desde luego no era.



 El festín continúa con unos estupendos segundos. Mi jefa, y sin embargo amiga, se empeño en probar todos los platos etíopes más típicos y así, pedimos doro wot (pollo nacional aderezado con jengibre, cúrcuma, huevo duro y queso fresco, entre otras cosas), awaze tips (ternera con berbere, excelente picante acompañando una ternera salteada con verduras) y yebeg alitcha (cordero lechal con una salsa que tienen que probar, porque yo identifico más que dos o tres ingredientes de los mil que debe llevar.

 

En todo momento estuvimos asesorados por uno de los socios foráneos, que demuestran una excelente educación y una amabilidad en la que, tristemente, se evidencia que son eso, forasteros en Madrid, por muchos años que lleven aquí, que los llevan. Personalmente, no me viene gustando demasiado el jengibre y la cúrcuma, así que el pollo doro wot fue lo que me hubiese sobrado, pero sólo por probar los otros platillos de nuevo, volveré sin dudarlo. Por comentar algún aspecto que puede llegar a ser negativo, los comedores son pequeños y en ellos se permite fumar, cosa que creo que es innecesario, cuando cuentan a la entrada con una barra para poder echarse un pitillo sin molestar a los otros comensales.
18 euros por persona
VALORACIÓN GUISAILLO: 9,25
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Mesón Leandro. Cazorla (Calle La Hoz, 3)

 He tenido la fortuna de acudir al Mesón Leandro en dos ocasiones.


Para empezar es una fortuna porque está en Cazorla, y para un ciudadano de capital grande, siempre es un regalo poder desenchufarse un poco y disfrutar de otro tipo de cosas.

La primera vez que acudí fue totalmente al azar, y disfruté una de esas comidas que recuerdas especialmente. Yo, como buen cateto de ciudad (un término del cual debería hablar bastante más, incluso hacer una tesis) no había tenido la fortuna de probar determinadas cosas. La caza era una de ellas. Viviendo en una ciudad de mar, no es algo que sea habitual comer... y aquí entra mi catetismo de ciudad. Una cosa no quita la otra, por supuesto, Y siendo de ciudad costera, podía haber probado bastante más la caza.

Uno de los objetivos de mi primer viaje a Cazorla era ese. Y gracias al Mesón Leandro, lo conseguí, además con un recuerdo realmente agradable.


Vamos a lo interesante:


Aparte de caza, el plato típico de cazorla es el Rín-Rán.
Evidentemente fue lo que pedí de primero, y es que una norma invariable que tengo es pedir siempre lo típico del lugar.

Como definió un genio de esto: “una maravilla en su simplicidad”.



Y de segundo, como no podía ser menos, pedí ciervo en salsa. Realmente fabuloso. Estaba tan rico que no me afectaron para nada los comentarios de mi acompañante “Te estás comiendo a bambi".



La segunda vez que acudí a este mesón fue en compañía de mi amigo y compañero de blog Jordán Abellaner en un inolvidable fin de semana.

La comida volvió a ser extraordinaria.

Al igual que la otra vez, asombrosos quesos de entrada que acompañaron (gratuitamente) a la bebida.




Por supuesto Rín-Rán de primero (faltaría más), y esta vez con una morcilla a la plancha que quitaba el sentido.


La pena fue que en esta ocasión no disponían en el mesón ni de jabalí, ni de ciervo. Una verdadera lástima. En su ausencia comimos buey y chuletitas de cordero, las cuales estaban deliciosas. (Tanto que no me dio tiempo a pensar en ciertos comentarios como "Te estás comiendo a Norit").



Ciertamente ambas carnes estaban fabulosas, pero la verdad es que acudir a Cazorla y no comer caza es casi delito.

Afortunadamente la pena no fue tan grande ya que la comida fue muy buena (además en mi caso concreto con una grandísima compañía).

Y los postres... como todo postre casero en un sitio de calidad, realmente exquisitos el yogurt, el flan y las gachas.


Así que no lo duden, acudan a Cazorla, un sitio realmente maravilloso donde, entre otras cosas disfrutarán de una extraordinaria gastronomía.

Sobre 25 euros a la carta. Menú sobre 12 euros.
VALORACIÓN GUISAILLO: 8,77

CARRASCAL BOLLO
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De tapas por Alcalá de Henares. Madrid

Para comenzar un nuevo mes preñado de entradas interesantísimas he decidido recurrir a un clásico de bares, tapas y más. Muchas veces, por listillo, le ocurre a uno que deja de lado lo que tiene más cerca por otras apetencias más exóticas. Todo el tiempo que llevo en Madrid (porque sí, yo aún estoy aquí, pobrecillo y, además, me gusta esto) y no había pasado por Alcalá de Henares a tapear. Mira que soy idiota, pensaba, venga a buscar la nueva gastronomía y dejo de lado la sana y deliciosa costumbre de la tapa con la cerveza o el vino. Hay que aclarar para quien no lo sepa que esta ciudad universitaria es referente claro en eso del comer poco a poco y en diferentes sitios, y por la patilla con la bebida, que es lo que viene siendo el tapeo. De manera que el otro día me arrojé en los brazos de Patxito (evidentemente, él prefiere  arrojarse en brazos del vino) y otros especímenes  y me hicieron una particular ruta de las tapas por Alcalá (que yo no conocía en este sentido, por cierto).
Comenzamos en la Cervecería Cartujana, donde nos tomamos un sandwich vegetal con los vinos y las cervezas y donde además cuentan con una gran variedad de sartenes. Seguimos con una ensaladilla rusa con croquetón y un filetito que tenía muy buena pinta que Patxito no me dejo ni fotografiar. Destacar de este local que cuenta con una decoración muy conseguida, de taberna de toda la vida, pero sin las fotos de tauromaquia.







Seguimos la tournée por la Cervecería Las Murallas [Avda. Guadalajara,23] donde nos regalamos con unas patas de calamar y un pincho moruno.

 

Y para finalizar esta pequeña ruta, que quizá no sea la más clásica ni la mejor pero fue por la que me llevaron estas dos prendas que tienen debajo, acabamos en El Tapón [Avda. Guadalajara, 9]. Si ustedes conocen algún local que puedan además recomendar, para eso están los comentarios de esta entrada.


En fin, que nos quedamos en El Tapón, que como su nombre indica acompañan las bebidas con una tapa de considerable envergadura y que además resultan bastante curiosas para mí, como un perrito, una hamburguesa o un zarajo de Cuenca (que estaba bastante bueno, por cierto). Otras que probamos fueron las de cazón en adobo y el croquetón de jamón.


Les recomendamos que vayan a dar un paseo por Alcalá de Henares y degusten sus tapas en estos y otros lugares de esta ciudad, y si es acompañado de buenos y alegres amigos, mucho mejor.
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Comer en Cerdeña (VI)

Restaurante Sax. Castelsardo (Sassari)



Nuestro viaje se acerca a su final. Continúa a través de la playa de Lu Bagnu, cerca de Castelsardo, bonita ciudad del noroeste de la isla. En ella, jugueteamos con los abundantes erizos en su rocosa costa y para qué vamos a definirlo en la cocina, si ya lo hizo el periodista y escritor gallego Julio Camba de esta manera, que merece la pena reproducir, en La casa de Lúculo o El Arte de comer, en 1929:


El erizo es un extracto de mar, un hálito de borrascas, una esencia de tempestades. Al primero que uno se toma, la boca no se le hace simplemente agua: se le hace agua de mar, con todos los olores y los sabores marinos. Y después de tomarse quince o veinte docenas —porque el tomar este marisco no es comer ni beber, sino respirar en pleno océano—, la más fina langosta le sabrá a uno a galápago y las mejores almejas a neumático de automóvil.


 
Un genio de la hipérbole culinaria, qué bestia debía ser el tío comiendo. Pues bien, después de retratar Castelsardo desde mil perspectivas, esperar que diera una hora decente para cenar y mientras, ir preguntando por un restaurante que a todas luces resultaba inexistente pero que a mi amiga Laura pareció gustarle cuando estuvo, nuestra necesidad por encontrar un local que justificara todos estos esfuerzos era suficiente para acercarnos al puerto a preguntar a unos marineros dónde podíamos cenar adecuadamente en aquella población quizá demasiado turística para hacer realidad este deseo. Pues resultó que estos amables pescadores surtían a un local llamado Sax [via Sedini, 46 CASTELSARDO (SASSARI)], en las afueras del pueblo, un poco alejado de la vorágine de los turistas y los típicos locales que les acompañan. 
Se trata de un sencillo restaurante, familiar y donde es el dueño el que acerca a las mesas a tomar nota a los clientes. En él disfrutamos de una de esas ligeras cenas que acostumbramos.







Como antipasto nos decidimos por una pizza buenísima. Evidentemente, hemos probado varias pizzas durante este viaje, pero la de Sax tenía algo casero, algo especial. Esta variedad iba con alcachofas, champiñones, aceitunas, salchichas... No recuerdo el nombre, pero la masa y los ingredientes estaban increíbles. Como digo, realmente casera.

Como platos principales elegimos pasta a la marinera, la especialidad de este restaurante. Mi acompañante se decidió por spaghetti a la vongole. Realmente maravillosos, con cantidad y calidad en las almejas.

Y como no, después de currarme la introducción que han podido leer, supongo que habrían ya intuido que me decidí por los spaghetti con erizos, que iban únicamente salteados con aceite de oliva, ajo, perejil y claro, con las yemas del inenarrable marisco, del que aquí ofrecemos un primer plano. Su sabor yodado le da un auténtico y característico sabor a la pasta.
 

Y para terminar, recordando los antecedentes catalanes en la isla, crema catalana. Para acercarse al final de nuestro viaje no se comía mal en Sax. Con lo que me quedo es con esa tranquilidad, alejado del bullicio del centro de Castelsardo, con su terracita cubierta y con ese ambiente familiar que tanto se aprecia cuando se encuentra uno lejos de casa. Muy recomendable.
20 euros por persona.   
VALORACIÓN GUISAILLO: 8,91
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Bodega Cigaleña. Santander


Bodega Cigaleña. Calle de Dadoíz y Valverde, 19. Santander



Nada más entrar en el bar se nota que estás en un sitio especial.


Se puede decir que es tanto restaurante como museo de botellas, ya que las hay de todas clases y por todos lados.

Y como no podía ser menos, donde más destaca este sitio es en el vino. Casi infinitas opciones y de muy buena calidad.

En la Bodega Cigaleña se puede tanto comer como tapear. En mi caso sólo me acerqué a tomar unos pinchos y un vinito.

Comer allí sale sobre los 35 euros por persona, y un pincho sale sobre los dos euros (un poco más la copa de vino)


En este caso fue un pincho de jamón (realmente maravilloso) y otro pincho de croqueta de bacalao (espectacular), acompañados de un albariño y un tinto.




Tras beberme el albariño (que con el calorcito que hacía entró de miedo) llegué a la definitiva conclusión de que el vino blanco me da dolor de cabeza, ¡Pobre de mí! Hace tiempo que tengo esa certeza, pero de vez en cuando merece la pena, y es que es un prodigio lo del vino.

Sobre el tinto, tengo que reconocer que no recuerdo cuál fue, pero en el fondo viene bien para lo importante de esta entrada: Unas posibilidades absolutas a la hora de pedir vino.



No es que destaque por sus precios populares, pero es un sitio selecto en el que disfrutar de un ambiente culinario y de vinos realmente agradable. Desde luego visita casi obligada como mínimo para unos pinchos si se viaja hasta Santander, ciudad realmente bonita, agradable, acogedora y que merece la pena visitar.

CARRASCAL BOLLO
carrascalbollo@gmail.com




Restaurante senegalés Touba Lamp Fall. Madrid


Como estamos a todo y todos los días hay que comer, a pesar de tener tres secciones pendientes a través de la gastronomía mundial, uno sigue encontrando opciones interesantes que desea compartir con los lectores y lectoras. Este restaurante senegalés se encuentra en la multiforme Lavapiés [Calle Ámparo, 61, MADRID]. Se trata más bien de una casa de comidas muy sencilla, donde no vamos a tener en cuenta factores tan clásicos en nuestras valoraciones como la atención al cliente o el entorno, sino más bien lo rica que está la comida y el placer de disfrutar de platos típicos de otros países con el estilo de servicio de éstos. Jejeje, me río cuando recuerdo que le pedí al camarero poulet yassa y me advirtió que faltaban dos horas para que estuviera preparado. Pensé que mejor pedía otra cosa, claro. A lo que voy es que los africanos suelen ser así, tienen un concepto totalmente diferente al nuestro del tiempo. A destacar la sencilla decoración y el cómodo comedor que se encuentra junto a los servicios, con un estilo Luis XV (o era XVI, no recuerdo). En fin, a veces hay que pasar la decoración por alto.

Después de renunciar al yassa nos decidimos por tres platos para tres:
El mafe viene a ser una salsa de tomate con cacahuete, patatas, ternera y zanahorias. Yo lo había probado en Senegal y la diferencia que encontré es que allí el cacahuete predominaba con su sabor, mientras que este local sabía la cosa más a tomate, pero buenísimo aún así, y claro, muy diferente a lo que solemos estar acostumbrados, entre otras cosas por el uso de aceite de palma.

El thiou curry resultó ser un plato inédito para mí, una ternera en salsa de curry bastante potente, con la misma base, cebolla y zanahoria. Todo con mucha salsa y mucho, mucho arroz para acompañar.

Para terminar, plato antológico de la comida senegalesa, con diferentes nombres según la zona, pero que se suele conocer como thiebou dienne, plato de arroz "socarrao" con pescado, yuca, zanahoria, okra, espinacas y berenjenas en este caso. Lo probé mil veces en Senegal y este les puedo asegurar que no tenía nada que envidiarle.

Cosa curiosa la de este local, es que si te sobra comida o simplemente te la quieres llevar, llevas tu tupper y en paz, nadie va a mirarte mal. Es más, con las cantidades que se gastan en los platos no me extrañaría que les sobrase. En cuanto al precio, cada plato sale por 6 o 7 euros. En esta ocasión comimos estupendamente por 18 euros tres personas. Nos sirvieron desde el principio una jarra de agua que nos fueron rellenando y con ello nos conformamos. Además, nos invitaron a tres cafés touba, muy dulce y escanciado desde la tetera, con un sabor característico.


Si quieren llevarse un trocito de África, merece la pena acercarse. Saludos.

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Enlaces relacionados: Comer en Senegal 


Café Bar Margarita, Arroyo Frío. Sierra de Cazorla

Este pasado fin de semana hemos tenido la suerte de encontrarnos Carrascal Bollo y un servidor en la Sierra de Cazorla durante un encuentro sorpresa. Una de nuestras experiencias gastronómicas tuvo lugar en Arroyo Frío, pueblecito dedicado prácticamente a los servicios para el turismo rural, muy cerca del Parque Natural y enclavado en la comarca de la Sierra de Cazorla.
En mitad de la exuberancia de la naturaleza de dicha comarca encontramos un oasis de las gastrotapas. Este café bar, con una esplendida terraza que permite disfrutar de la soleada Andalucía, ofrece algunas de las muestras culinarias serranas más destacables que hemos podido probar durante este viaje.
 
 Aquí presentamos el aperitivo de rín rán, un puré de patatas y pimientos, con bacalao desmigado, cebolla picada, aceite de oliva, pimentón y aceitunas. Una maravilla en su simplicidad. Por otra parte, los típicos pinchos morunos. Evidentemente, los palillos de dientes no pueden faltar en nuestra mesa.


Seguimos la fiesta con los pimientos verdes frititos y las morcillas del lugar, maravilla que se ha repetido durante este viaje sin habernos cansado de ellos. Según nuestra sensación, ésta llevaba cantidades industriales de comino que le daba un toque especial.
 
 Uno de los platos fuertes: almóndigas caseras con patatas, buenísimas. María, tu elección fue muy acertada.


Mi elección, carne de monte, venado en salsa, otra maravilla. De los postres caseros, Carrascal Bollo se decidió por el arroz con leche. Desafortunadamente, no nos dio tiempo a retratar el plato antes de que diera cuenta de él. Eso dice mucho de su calidad:
 Los lugares que aparecen en nuestra nueva sección Bares Tapas y más carecen de la seriedad de la sección Restaurantes, pero no necesariamente carecen de su calidad. Es más, son opciones en las que el humor, a menudo, se funde con la comida. Las cartas son una fuente importante de nuevos descubrimientos.

¿A qué demonios se refieren con pescados o similares? 
¿Quizás se refieran a anfibios? ¿Gasterópodos tal vez?

Recuerden nuestra filosofía, son dos de las pasiones que nos mueven. En este local encontrarán ese humor de la gente, la alegría de la naturaleza y saldrán contentos con su comida, ¿qué más se puede pedir? Pues sí, se puede pedir que sea barato, efectivamente. Margarita nos salió por menos de 10 euros por persona, comiendo de medias raciones abundantes como raciones y repitiendo bebidas, además de tomar cafés. Da gusto ver que el euro se sigue estirando en determinados sitios.

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