El Goloso. Una historia europea de la buena mesa. Estamos hablando de un libro de historia, entretenido, al menos para mí, que me gusta la historia, claro, pero con un lenguaje accesible, con ese toque de humor tan poco académico pero que consigue que a veces terminemos un libro. El subtítulo define a la perfección lo que vamos a encontrar, aunque yo lo hubiese cambiado por Una historia europea a través de sus fogones. Igual ya estaba cogido.
Un maravilloso repaso, profusamente documentado con una amplia bibliografía, en el que podemos encontrar de qué rey fue cocinero mengano, a la vez que se beneficiaba a la señora de zutano.
Podemos contar con datos curiosos, como saber cuándo comenzó la cocina pública francesa con la apertura de La Grande taverne de Londres en 1791, abierta en París por Antoine Beauvilliers, unos pocos años antes del primer restaurante español, el Lhardy del suizo Èmile Hughenin, que se mantiene abierto en la Carrera de San Jerónimo número 9 de Madrid desde el año de Nuestro Señor 1839, madre mía, menudo tratamiento para la carcoma que deben utilizar.
Pueden conocer un poco más a Carême, cocinero de reyes, que entretuvo entre otros a Pepe Botella en su palacio de Valençay (adjunto foto de su cocinilla, con el preceptivo permiso de su simpática autora).
Muy citado y poco leído, también anda por estas páginas el putañero de Grimod de la Reynière, primer periodista gastronómico de la historia y que debía montar unas juergas de escandalo.
Desde el virtuoso Leonardo da Vinci, -que se paso tres años para pintar la Última Cena en la Santa Maria delle Grazie-, y que realmente la pinto en tres meses, dedicando el resto del tiempo a convidar a sus amigos a comer a cuenta de los fondos eclesiásticos, hasta llegar a la apertura de Zalacaín en Madrid en 1973 y donde cuentan que cotillearon el mismísimo Don Juan de Borbón y Felipe González acerca de cómo iba a llevar un país, pronto socialista, en vías de modernización, un reestreno monárquico único en Europa en pleno siglo XX, después de 40 años de dictadura. Si no es verdad, esperamos que Felipe González aclare lo que realmente pasó en nuestro formulario de comentarios. Ah, y no olvide poner lo que comieron! Que sepa que siempre me cayó bien.
Bromas aparte, si Santiago Carrillo, que el autor asegura que también estuvo en Zalacaín, con y sin peluca, quiere aclarar su plato preferido, también puede hacerlo. Un fuerte abrazo a este personaje histórico.El recorrido finaliza en la época más moderna de los fogones en España, con el advenimiento de la Nueva Cocina Vasca, con Pedro Subijana y Juan Marí Arzak, que mejoran para algunos lo que supuso la tan llevada y traída Nouvelle Cuisine de los cojones, uy, quiero decir de los fogones. Esta tendencia abanderada por Bocuse, Robuchon, Ducasse y requeteinterpretada por Ferrán Adrià, tiene como principal crítica que en ella misma comienza el gastrocomercio, desvinculándose de la manifestación cultural. Para mí que con honrosas excepciones.
Tras su lectura igual pueden extraer una síntesis mejor que la mía de aquello que realmente es la cocina española: sus asados, la olla podrida, los callos, el pisto, la fabada o el marmitako, o todo ello y mucho más, quizás el mestizaje histórico al que fueron sometidas muchas regiones heterogéneas de esta piel de toro extendida.
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PRÍNCIPE PÍO





